Qué hacer si quieres cambiar tu vida y no puedes

octubre 18, 2012

Todos tenemos áreas de nuestra vida que nos gustaría cambiar, esos hábitos de los que no nos sentimos nada orgullosos.

Muchos de nosotros queremos dejarle todo el trabajo a Dios y no ponemos de nuestra parte. Si bien es cierto que el único que puede transformar nuestra vida es Dios, también necesita que nosotros dispongamos nuestro corazón y vida para que actúe de una forma más efectiva.

Yo no puedo orar y pedirle a Dios que me ayude a cambiar, mientras yo no pongo absolutamente nada de mi parte. Dios es caballero y respeta mucho nuestras decisiones, Él jamás nos va a forzar para cambiarnos, Él no nos va a doblar la mano y a obligarnos para que de una vez por todas cambiemos, ¡No!, todo cambio que Dios quiere realizar tiene que tener como terreno un corazón dispuesto a ese cambio y una vida obediente a sus instrucciones.

Pero la pregunta es: ¿Qué se necesita para realmente cambiar?

Primero: Reconocer que tengo un problema. Hay mucha gente que no puede cambiar porque no reconoce que tiene un problema, el orgullo es una de los obstáculos mayúsculos que nos querrán evitar el cambio. La Biblia dice: “El orgulloso y arrogante al fin de cuentas fracasa.” Proverbios 16:18 (Traducción en lenguaje actual). Pero en contraste con la humildad dice: “El orgulloso termina en la vergüenza, y el humilde llega a ser sabio.” Proverbios 11:2. Reconocer que tengo un problema es el inicio de un posible cambio.

Segundo: Someterme a Dios. Cuando reconocemos que tenemos un problema y nos sometemos a Dios entonces vamos camino a una recuperación y restauración. Someterme a Dios tiene que ver con restaurar mi comunión personal con Él. La Biblia dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7 (Reina-Valera 1960). Tenemos que comenzar a restaurar aquella relación perdida, comienza a orar, no necesariamente tienen que ser largos periodos, si te cuesta orar, comienza con unos minutos cada día por una semana, y conforme vayas acostumbrándote aumente tu tiempo de oración y tus resultados será aun mejores. Lee la Biblia todos los días, medita sobre algún versículo en especial, escucha y entona una alabanza con las cuales te sientas muy bien delante de Dios, congrégate frecuentemente y conforme al tiempo vaya pasando sirve en alguna área de tu Iglesia, eso te servirá para mantener tu mente ocupada en el Señor.

Tercero: Velad constantemente. Nunca te creas que ya alcanzaste el nivel necesario para ya no fallar o no pecar, nuestro Señor Jesús nos enseño que teníamos que estar velando siempre para no caer en tentación: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Marcos14:38 (Reina Valera 1960). Una vida espiritual que este prevenida y manteniéndose en comunión personal con Dios, es una vida que a la hora de la prueba saldrá con victoria.

Cuarto: Si fallas, no te rindas, inténtalo nuevamente. Quizá tu lleves a cabo los tres pasos anteriores: Reconociste que tenias un problema, te sometiste a Dios y estuviste velando constantemente, pero a pesar de ello en un momento de descuido fallaste nuevamente y te sientes muy mal, es allí donde el enemigo aprovechara para lanzar sus dardos de fuego sobre tu mente para hacerte creer que eres un fracasado y que nunca podrás cambiar. Es entonces en esos momento en donde debes llevar a la practica este cuarto paso: SI FALLAS, NO TE RINDAS, INTENTALO NUEVAMENTE.

La vida cristiana es un ejercicio diario, si fallas, no puedes rendirte, porque es casi seguro que fallaremos, pero lo mas importante a la hora de fallar no es ese hecho, sino tener la disposición de levantarte y volver a intentarlo con el conocimiento de que ya sabes cómo fallaste y cómo poderlo evitar la próxima vez. La Biblia dice: “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse…” Proverbios 24:16a (Reina-Valera 1960).

¿Realmente quieres cambiar?, entonces te recomiendo estos cuatro pasos, si te das cuenta es un circulo que puede llevarte a la victoria, estos cuatro humildes consejos pueden ser la llave que necesitas para vencer aquellas cosas que hasta hoy te causaban mucho dolor, ya que fallar constantemente a Dios provoca en un hijo de Dios nacido de nuevo, mucho dolor


Reflexiones – La vida, el amor y el chocolate

octubre 18, 2012

Juan 3:16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? 18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. 19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; 20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. 21 Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; 22 y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. 23 Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado1 Juan 3:16-23

…andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros. —Efesios 5:1-2

Un comentario que leí en uno de mis blogs favoritos captó mi atención. Era la mañana de su noveno aniversario de bodas. Como no tenía mucho dinero, el autor salió corriendo para traerle a su esposa, Heidi, su pastel francés favorito —pain au chocolat (pan de chocolate). Después de haber corrido por varios kilómetros, llegó a casa, exhausto, sólo para encontrarla a ella en la cocina justo cuando estaba sacando una hogaza de pan crujiente relleno de chocolate del horno. Era un pain au chocolat.

Ese esposo, Jeff, comparó su vida con Heidi con las vidas de las personas en la historia corta de O. Henry Gift of the Magi (El regalo de los magos). Cuenta acerca de un hombre que vendió su única posesión de valor —un reloj de bolsillo— para comprarle una peineta a su esposa, quien a su vez vendió su bella y larga cabellera para comprar una cadena de oro para el reloj de su esposo.

Sería genial no tener problemas de dinero, pero es más importante darnos cuenta del inmensurable valor de las personas por las que nos preocupamos. Algunas veces necesitamos que nos recuerden que adquirir «cosas» no es tan importante como apreciar a las personas que Dios ha colocado en nuestras vidas. Cuando colocamos los intereses de los demás por encima de los nuestros (Filipenses 2:3), aprendemos lo que significa amar, servir y sacrificarse. De hecho, así es como imitamos a Cristo en nuestras relaciones (Efesios 5:1-2).

La vida, el amor y el chocolate saben mejor cuando se comparten con los demás.


Aprender de nuestros propios errores

octubre 18, 2012

Todos los seres humanos nos equivocamos, absolutamente todos pecamos y cometemos errores, no hay ninguna persona en este mundo que pueda decir -¡yo nunca me equivoqué, yo nunca cometí un error!-.

La Biblia nos dice que todos somos pecadores, y debido a esa naturaleza es que nos equivocamos y cometemos errores, unos más graves o con mayores consecuencias que otros, pero en fin, todos hemos errado alguna vez.

Seria genial que nunca nos equivocásemos, sería muy bueno, pero eso es imposible, por el simple hecho de que somos personas y nuestro corazón está inclinado al mal y al error, pero aun así, como dice esta frase popular, de los errores se aprende, es importante que a pesar de que nos equivoquemos, saquemos una lección de eso.

Vamos a considerar tres cosas muy importantes que tenemos que tener en cuenta cuando nos equivocamos.

Lo primero y principal, el más importante, es clamar por el perdón de Dios, a veces nos equivocamos de tal forma, pecamos tan cruelmente contra Dios que sentimos que no somos merecedores del perdón de Dios, pero aun así Dios está siempre dispuesto a escucharnos cuando clamamos humillados ante él, con un corazón arrepentido.

David fue un rey que tuvo muchos errores, y pecados terribles, como son el adulterio y el homicidio, pero aun así, Dios dijo: -David, hombre conforme al corazón de Dios-, ¿Por qué?, porque David después de cometer eso tan terrible, sintió el profundo pesar del pecado en su corazón, y con lagrimas humillado ante Dios, clamo por su perdón, y Dios, que es grande en misericordia, lo perdonó.

Cada vez que te equivoques, cada vez que cometas pecado, cada vez que tomes una mala decisión, clama a Dios como lo hizo David y pídele que te perdone, el lo hará.

“Ten compasión de mi, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones, lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado” Salmos 51:1-2 (NVI)

Lo segundo que tenemos que tener en cuenta, es aprender de nuestros propios errores, es importante que si nos equivocamos aprendamos de esa experiencia para que no volvamos a cometer el mismo error o el mismo pecado, no persistamos en lo mismo, roguemos a Dios que nos ayude para no volver a hacer lo mismo.

Seamos prudentes, esta palabra quiere decir “parar y pensar”, ante una situación en la que nos hayamos equivocado, en la que hayamos pecado o tomado una mala decisión, paremos y pensemos. Analicemos la situación y veamos qué fue lo que nos llevo hasta allí, que actitudes estuvieron mal, para evitarlas la próxima vez, de los errores se aprende, analiza la situación y aprende de ella. Examínate cada día a ti mismo, a la luz de la palabra de Dios.

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” 2 Corintios 13:5

Lo tercero que vamos a tener en cuenta, es aprender de las experiencias de los demás, un sabio dijo “guarde en mi corazón lo observado y de lo visto saque una lección”, que importante es esto, observar a los demás. Si conoces una persona que ha cometido un determinado pecado, o que ha tomado una mala decisión y viste en su vida las consecuencias de sus acciones, no esperes a hacer lo mismo, aprende de eso que has observado y saca una lección para tu vida, para no cometer el mismo error, -¡ojo!- no lo juzgues, más bien ayúdalo, ora por esa persona, pero aprende de ella, aprende de lo que observas en los demás, de los errores se aprende.

Recuerda, Dios no quiere que te equivoques, pero el errar es humano, y seguramente alguna vez cometeremos alguna falta, cuando lo hagas, recuerda primeramente clamar a Dios por su perdón, no te quedes nunca en esa condición, humíllate ante Dios y ruega siempre cada día por su perdón, examínate a ti mismo y aprende de lo observado. Por Mayra Noelia Garay

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” Salmos 51:10